
ultimarespuesta
- December 9th, 2008
Segunda parte.
-Pasa, pasa. Verás cómo es la casa de una artist, sonrió, dejandome paso por aquella extraña casa. Era probablemente una de las más acogedoras en las que he estado, y estaré. Todo era extraño, demasiado, pero a la vez me sentía cálido. Como si todos aquellos muebles, objetos y telas intentaran suplir la gélida soledad y pesimismo que desprendía su inquilina.
- Aquí está la cocina y el salón, como ves todo bastante normal, también comemos y holgazaneamos los domingos en un cómodo sofá.
- Y aquí, la habitación.
No se explicar qué tipo de sensación sentí al entrar en ese espacio tan extraño. Tenía una belleza insultante, era cálido, frío, tímido, atrevido. Todo y nada a la vez.
La cama era más baja que las corrientes, pero lo que sorprendía era su tamaño y su estampado con colores cálidos y llamativos, con unas cortinas semitransparentes alrededor que daban lugar a los juegos más inquietantes y eróticos que cualquiera podría imaginar. Tenía las paredes pintadas con extrañas formas curvas, como intentando atrapar a todo aquel que se atreviera a mirar.
El olor a vainilla en la casa tenía su nacimiento allí, en un tocador antiguo y cuidado, consumiendose junto a los cosméticos que intuí caros y que estaban colocados con desorden estudiado.
- Es el sitio que más detesto de la casa.
- ¿El que más detestas? - respondí atónito- Pero si es el que mejor... digo, bueno, el que parece más cuidado.- quise no demostrarme convencido de todo aquello, qué pensaría de un chico que queda hipnotizado por formas y colores.
- No es difícil adivinar por qué, y además, eres un chico listo. En cualquier caso, te voy a enseñar el mejor rincón de todos. El que me devuelve la vida después de salir de este horrible sitio.
El apartamento era pequeño y bastaron menos de 10 pasos para llegar a su ansiado lugar, su templo. Delante de la gran ventana que daba a la concurrida calle tenía una gran mesa inclinada, donde se disponían unas cuantas fotografías y dibujos y un moderno portatil. A la izquierda se alzaba una estantería con su material fotográfico, material que sin conocer de la materia podría calcular tiempo y mucho dinero invertido.
- Esta vieja silla me da la felicidad. Y desde aquí- avanzó dos pasos-, desde aquí lo veo todo. Aquí vuelo en libertad. Sentada aquí hablo con la gente, me siento a tomar un café en esa cafetería, y me pruebo los vestidos de esa tienda. Ven, sientate, lo ves?
Sentí su mano en mi brazo que, lejos de ser fría como me hubiera esperado, era cálida, tanto como podría serlo la mía, como la de cualquier persona. Me hizo sentarme en ese pequeño banco que tenía al lado de la ventana. Podría llegar incluso a dar vértigo. Pero comprendí todo lo que me decía. Esa altura y el viento que soplaba tímido te hacía partícipe de la vida de cada uno de los transeuntes que se encontraban ahi debajo. Había muchísimos, pero podías entrometerte en la vida de todos, a la vez.
- Es una bonita vista. Es una vista privilegiada, entiendo que puedas pasarte mucho tiempo aquí.
- Sí, lo primero que hago es abrir la ventana. Me siento orgullosa de esta pequeña recompensa. ¿Tienes hambre?
Preguntó usando otro tono de voz distinto al que había empleado, como poniendo punto final a una escena sentimental, probablemente avergonzada de mostrar ese pellizco de debilidad personal.
- Justo he comprado algunas cosas, hay un supermercado aquí cerca, y al lado una tienda antigua con una dependienta muy simpática, con comida ya cocinada. Me recomendó los macarrones gratinados, la verdad es que tienen una pinta estupenda. ¿Te apetecen? También tengo ensalada, sabes? Es lo único que se hacer, por suerte o por desgracia se me dan muy bien.
Esa espontaneidad suya contrastaba totalmente con la pose bohémica y desinteresada por la vida de hacía unas semanas, en aquella cafetería. Sabía que no era estudiada, son esas cosas que lo notas al instante.
- Bueno, no, no creo...
- La verdad es que no soy una buena anfitriona, nadie con un ´minimo de vergüenza diría: sí, gracias! como si nada. Considérate invitado a cenar y ya está. Ahora solo queda decidir el menú y listo.
-Macarrones gratinados- le dije con una tímida sonrisa.
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